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Saturday, May 16, 2015

El blog de Ruby




Nuestro día empieza en el Teleférico, el increíble sistema que sobrevuela sobre La Paz: relativamente una ciudad pequeña, pero cuando estas flotando en el teleférico y mirando hacia la vasta expansión, puedes sentir el enorme potencial del día. Sentada mirando los miles de autos, minibuses y trufis tocando sus bocina abajo, se me ocurre un pensamiento;¿es este el futuro? 

La Paz es una ciudad de extremo contraste; desde la limpieza y la modernidad del sistema del Teleférico que me hace sentir como si estuviera en el Starship Enterprise, hasta los antiguos, minibuses y trufis que solo salen cuando ya no es posible apretar a una persona más al vehículo y a veces requiere una salida lanzada. Desde los elegantes hombres de negocio bajando a zancadas la calle, con el celular pegado a sus orejas, hasta los niños sin hogar que caminan entre ellos, rogando por monedas o algo que le puedan regalar. Entre interminables edificios de oficinas y enormes supermercados, te encuentras repentinamente rodeada por uh hermoso follaje verde, o una colosal formación de rocas brotando del suelo. La Paz es como nada que haya experimentado antes.  



Trabajando con niños ha sido algo que siempre me ha apasionado, así que cuando me enteré que iba a trabajar en el proyecto de Empoderando a la Niñez y a la Juventud estaba muy contenta. Desde que llegue aquí, he estado trabajando en dos centros diferentes tres veces a la semana. El primero es el centro de Las Lomas, un hermoso y pequeño edificio amarillo situado en la punta de un cerro con vista a la ciudad. Aquí estamos trabajando con niños desde los 2 hasta los 17 años en un proyecto llamado “Plantando valores para cultivar salud”, en el cual estamos explorando alimentación sana pero también como ser un ciudadano social más consiente. De momento estamos pintando maceteros grandes y esta semana vamos a estar plantando u n valor moral que queremos mejorar – por ejemplo, honestidad o responsabilidad. Esto significa que no solo los niños entenderán mejor de donde vienen las frutas y los vegetales y desarrollaran un sentimiento de logro al poder comer algo que ellos mismos plantaron sino que incorporaran auto desarrollo a la lección y pueden aprender más lo que significa ser un ciudadano social consiente.  



El segundo centro en el que estamos trabajando es en Alpacoma. Alpacoma es una zona industrial con muchos niños trabajadores, trabajando (increíblemente) desde los 10 años (la edad legal en que pueden comenzar a trabajar los niños en Bolivia), y al caminar al centro ya se siente el cambio de atmósfera; hay un sentimiento de solemnidad en el aire mientras bajas el camino de barro rodeado de ominosa maquinaria, montañas de ladrillos y solitarios muros a medio terminar de ladrillos. Sin embargo, cuando llegas al centro, escondido en una pequeña calle con una única tienda, todo cambia, cuando la puerta de hierro se abre caminas directo a un soleado y brilloso patio donde los niños están jugando y riendo y por donde miras hay murales con arcoíris que nunca pensarías que se podría hacer por el espacio confinado del centro. El proyecto que estamos desarrollando acá es sobre habilidades sociales y si bien nos dicen que esperemos al menos 20 niños para la sesión cada semana generalmente tenemos entre 3 y 4 chicas. Sin embargo, lo que nos falta en número lo compensamos con personalidad, estas chicas están rebosantes de energía positiva, desde Masiel, la chica de 14 años más entusiasta que haya conocido, a Lydia, la voz de la razón que solo quiere ver justicia a su alrededor y  Etson, el único chico que atiende a nuestras sesiones, aunque no habla ni una sola palabra está siempre sentado y sonriendo cuando entramos al salón cada semana. En estas sesiones discutimos temas como logros personales, valores morales, injusticias globales y de todas sus ideas y discusiones me siento privilegiada de haber conocido a estas increíbles e inteligentes jóvenes mujeres. También me siento bendecida de ayudarles a darse cuenta que pueden hacer y ser quien ellos quieran ser; no hay límites adonde se dirijan en la vida. 



Cuando no estamos trabajando en nuestro centros, estamos trabajando duro planeando sesiones en la oficina. Con solo 18 años soy la persona más joven  del cohorte, esperaba sentirme fuera de mi zona de confort y careciendo experiencia. Sin embargo, no ha sido el caso, cada persona que he conocido es increíble y única y me tratan como a su igual. Cada persona aporta algo diferente pero igual de importante e interesante al grupo. Nunca antes había conocido a un grupo tan diverso pero aceptable equipo de personas en mi vida y sé que las amistades que hice acá las atesorare por un buen tiempo.  

Me gustaría dar una mención especial a mis increíbles compañeros del proyecto de Empoderando a la Niñez y Juventud. No solo a mis compañeros voluntarios de Gran Bretaña que nunca fallan en sacarme una sonrisa y que están conmigo en cada momento de este desafiante viaje, pero también a las increíbles cooperantes Emma y Adri pues sin ellas estaríamos perdidos trabajando en nuestros centros y en ¡todo lo que hacemos aquí! Y finalmente a nuestros dos líderes de equipo, Vince y Ali, quienes nos mantienen motivados, inspirados, positivos y lo más importante de todo por hacernos sonreír cuando las cosas están difíciles: gracias por guiarnos a través de esta aventura. 

Entonces, ya sea que estemos ocupados enseñando a los niños como cepillarse los dientes o cementando una pared con nuestras propias manos en la lluvia, cada día es un desafío y una aventura que no me deja nunca sin una sonrisa en el rostro. 


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